Estrellas de luna bañadas con rocío de mar. Lenta cabalgadura, en mi pesar, triste figura. Fuego fatuo que arde lentamente, imperecedero ante las adversidades. Licor de los licores, sembrados en la flor de unos labios perdidos. Verter he querido, y no he podido, las aguas mansas de la vida. Viento en contra que pierde fuerza entre rocas de sosiego. Precipitada roca de arcilla, estropicio de vísceras sin mediar ni un solo sonido. Escueto párrafo que pasa inadvertido. Sentarme quiero, a contemplar seguidamente la pálida sonrisa de una vida sin recuerdos.
Comienza el verdadero camino. Es punto de inflexión para las olvidadas almas del purgatorio. Pangea del edén, camino perdido sin interés para el crucifijo de la existencia. Esquirla de vida, alga de muerte. Dedos incansables ante las adversidades. Perdido sin sentido, ver vida para contemplar lo que un día fue, para darse cuenta de que no fue. Es y no lo es, todo al mismo tiempo. Para en realidad no ser nada. Sin sentido, frases al viento esculpidas. Esparcidos, los polvos mágicos de los sentimientos. Y tal vez olvidados para el buen hacer del odio acumulado. Una y otra vez se repite la soledad. Cada vez, y nunca en su lugar. Ver para verificar y sentir para contradecir. Mapa calcado de las venas de la ira. Escrito en otro idioma impredecible y sin matemática pura. Fórmulas magistrales que convierten números en decimales. Sin ton ni son se repiten; siete, cuatro, dos, uno, uno, tres, cincuenta, diecisiete, veintidós. 7 - 7 -7- 7- 1-1- 1- 3- 50- 17- 22. Pudiera ser para ser. Aunque en mis pies descansa el peso de mis pecados, y nadie pudiera acarrear cual grande es. Pudiera ser, 7 -4 -2 -1-1-3-50-17-22.
Líneas escritas con pluma de tigre y sangre de roble. Pierdase entre los goces de la vida, puesto que vida es suplicio y sacrificio. Y para ver, no hay que ver, sino sentir con el dolor de un corazón carente de latidos. Escupe una vez más esas frases tan sinceras. Son coros celestiales los ángeles de la muerte. Todos vendrán para esparcir sudarios. Escritos entre sollozos de lágrimas rúnicas, son los duendes de la noche que vienen por tus suspiros. Entre cementerios de sal y carne caminarás solo. Serás preferiblemente abatido por los cazadores de almas que esperan entre lo negros troncos de la esperanza. Ver los caminos marcados con restos de incansables intentos. Camina sin miedo, porque el miedo es algo que ya forma parte de tu ser. No desesperes entre luces de colores, pronto vendrá. No malgastes tus insensibles lágrimas para la desesperación de una paranoia, son simplemente frases que se repetirán entre cincuenta vidas extraviadas. Luce hoy tus mejores recuerdos para comprobar lo inútil que ha sido. Pierde tus líneas entre caracteres incoherentes. No busques, porque no encontrarás nunca esa verdad tan engañosa. Ve la efímera existencia desde el altar de tus pies. Pierde cuanto quieras perder, porque no recuperarás nunca la dignidad perdida.
Para sentir sin vivir escribo sin comprender una sola de las palabras, ciertamente contemplo sin mediar sonido ni pensamiento, postrado sin recelo de partículas suspendidas entre olas de arenosa tempestad. Para morir recito unos pensamientos sin sentido, frases inconexas de la existencia que día a día pierdo. Para escribir muero con el corazón entre agujas de pajar. Roto en mil pedazos, mi existencia acaba cuando mis sentimientos pierdan el recuerdo de lo sufrido.
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